martes, 20 de abril de 2010

Oportunidad

Siempre he dicho que hay cosas que, por mucho que lo intentemos, nunca funcionarán. Cosas que, por una razón o por otra, es imposible llevarlas adelante por mucho esfuerzo que pongamos en ellas, por mucho que hagamos lo imposible por impulsarlas, darles el último aliento, una bocanada más de aire para alargar lo que tiene pronta caducidad. En muchas ocasiones lo sabemos, sabemos que no vamos a ningún lado pero sentimientos nos retienen y no nos dejan avanzar, impiden que se suceda el orden lógico de las cosas. Pero al final llega el momento en el que no es suficiente lo que hagamos, todo se marchita por mucho que intentemos alargar más de lo necesario la vida de las cosas.

No obstante, intentarlo de nuevo es un pensamiento recurrente. Todos aprendemos de los errores, maduramos con el tiempo, nos sentimos más seguros, con menos dudas, pensamos que no caeremos de nuevo en las mismas piedras. Adentrándonos del todo - en caso de que no lo estuviéramos ya - en el tema de las relaciones, vemos que todo es aún más complicado. Todavía más. Porque en toda relación acabada quedan unos posos profundos en forma de sentimientos, que no se van fácilmente, que requieren de la acción continuada del tiempo y de las alegrías. Siempre nos queda la duda.

El típico 'Y si...' gobierna nuestra mente y nos pide que demos otra oportunidad a esos sentimientos ahí encerrados, marginados, silenciados, excluidos del pensamiento voluntario. Que intentemos, de nuevo, ser felices. Que probemos a dar otra - la penúltima - bocanada de aire. Que apliquemos el desfibrilador, porque esta vez sera la buena, el muerto despertará y no volverá a morir. La angustia que da la tristeza y la ansiedad que tenemos por querer y ser queridos pueden hacer el resto, pueden provocar que nos precipitemos, que no meditemos las cosas... Aunque quizá haya que meditarlas poco y escucharse un poco a uno mismo.

Por otro lado, tenemos la concienzuda y cabezona voz de la razón, que nos dice que si una cosa no funcionó una vez, no funcionarán dos, y que mejor dejar las cosas como están. La respuesta obvia es que nadie quiere dejar las cosas como están cuando no es feliz. La contrarespuesta es que recordemos los momentos felices, aprendamos de los errores y no estropeemos la imagen de felicidad que inunda nuestras memorias. Segundas partes nunca fueron buenas... pero pasarlo mal tampoco es el camino. Y aquí estoy yo dialogando conmigo mismo, sin dejarte opción a participar. ¿Qué piensas tú? ¿Lógica o impulso?

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